Segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes by Juan De Luna

Segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes by Juan De Luna

Author:Juan De Luna
Language: es
Format: mobi
Tags: narrativa clasicos
Published: 2011-08-04T22:00:00+00:00


Capítulo XI

Cómo Lázaro se partió para su tierra y de lo que en el camino le sucedió.

Quise ponerme en camino, mas las fuerzas no llegaban al ánimo, y así me detuve en Madrid algunos días; no lo pasé mal porque ayudándome de muletas, no pudiendo caminar sin ellas, pedía limosna de puerta en puerta, y de convento en convento, hasta que me hallé con fuerza de ponerme en camino: dime prisa a ello por lo que oí contar a un pobre, que al sol con otros se estaba espulgando: era la historia del cofre como la he contado, añadiendo que aquel hombre, que habían puesto en la cárcel pensando era el del arca había provado lo contrario, porque a la hora que había pasado el caso, estaba ya en su posada, y persona del bario le había visto con otro vestido del con que le habían prendido; mas que con todo eso lo habían sacado a la vergüenza por vagamundo, y desterrádolo de Madrid: y así él, como los parientes de la doncella buscaban un ganapán, que había sido el que lo había urdido, con juramento que el primero que lo encontrase lo había de acribillar a estocadas. Abrí el ojo, y púseme en uno un parche, rapándome la barba como cucarro; quedé con tal figurilla, seguro de que la madre que me parió no me hubiera reconocido. Salí de Madrid con intención de irme a Tejares por ver si tornando al molde, la fortuna me desconocería. Pasé por el Escorial, edificio que muestra la grandeza del monarca que lo hacía (porque aún no estaba acabado) tal que se puede contar entre las maravillas del mundo, aunque no se dirá de que la amenidad del sitio ha convidado a edificarle allí, por ser la tierra muy estéril y montañosa; pero si la templanza del aire, que en verano lo es tanto, que con sólo ponerse a la sombra no enfada el calor, ni la frialdad ofende, siendo por estremo sano. A menos de una legua de allí encontré con una compañía de gitanos, que en un casal tenían su rancho: cuando me vieron de lejos, pensaron era alguno de los suyos, porque mi traje no prometía menos; mas de cerca se desengañaron. Esquibáronse algún tanto, porque según eché de ver, hacían una consulta o lección de oposición: dijéronse que aquél no era el camino derecho de Salamanca, pero sí el de Valladolid. Como mis negocios no me forzaban mas a ir a una parte que a otra, díjeles, que pues así era quería antes que volviese a mi tierra ver aquella ciudad. Uno de los más ancianos me preguntó de donde era, y sabiendo que de Tejares, me convidó a comer por amor de la vecindad de los lugares, porque él era de Salamanca: admití el convite, y por postres me pidieron les contase mi vida y milagros. Hícelo sin hacerme de rogar con las más breves y sucintas palabras, que cosas tan grandes permitían. Cuando llegué a tratar de



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